Hace unas semanas se ha celebrado la conferencia mundial del sida
de Barcelona. En esta reunión se han repasado las novedades médicas,
científicas, las gravísimas consecuencias sociales, humanas que
está teniendo y tendrá la pandemia. Una de las reivindicaciones
más gritadas por parte de las activistas que estuvimos allí fue
¿dónde están los diez mil millones de dólares que prometieron dedicar
los países más ricos del planeta al VIH-SIDA? Y es que la tan anunciada
cantidad de dinero nunca llegó. Es imprescindible que se destinen
importantes recursos económicos para empezar a solucionar uno de
los problemas más grandes con los que se enfrenta el siglo XXI.
No es de extrañar, por tanto, que vaya en aumento el enfado de muchas
de las personas que estamos trabajando en la lucha contra el sida
y crezca la desesperación de las personas enfermas tras ver en que
situación se encuentra esta pandemia.
Para
empezar, la vacuna, que sería la solución más eficaz contra el VIH
puede tardar mucho en llegar, según coinciden los científicos asistentes
a la conferencia. Estos mismos expertos denunciaban que las empresas
farmacéuticas habían preferido invertir en la investigación de nuevos
medicamentos -ya que con éstos obtienen una rentabilidad mucho más
inmediata- que en una vacuna que tendría que superar las más de
25 mutaciones conocidas del VIH y los 11 subgrupos en que se manifiesta
en los cinco continentes.
Aunque
los trabajos para conseguirla parecen difíciles, los Estados más
ricos deben invertir mucho más dinero en conseguir una vacuna sin
patentes. Mientras tanto, la situación en continentes como el africano
es extremadamente preocupante; según los datos de Cruz Roja, el
sida causó en el 2001 la muerte a 2,3 millones de personas y se
produjeron mas de 3,4 millones de nuevas infecciones, sólo en África.
En la actualidad, 28 millones de africanos están infectadas por
el virus, y sin el tratamiento y la asistencia adecuados, la mayoría
de ellos no logrará sobrevivir mas allá de la próxima década. La
situación es igual de alarmante en zonas como América Latina y El
Caribe o Europa Oriental y Asia Central (Rusia, China o India son
los países del mundo donde el sida se propaga con más rapidez).
Ante estos datos tan alarmantes, y sin haber conseguido aún una
vacuna (que parece que no tendremos a corto o medio plazo), la solución
que podría parar las transmisiones es una apuesta decidida por la
prevención.
Encontramos
dos modelos de prevención en relación a la transmisión por vía sexual,
uno basado en la represión de la sexualidad, como es el caso de
Botsuana (país con mas casos de sida del planeta), en el que el
Gobierno pide la abstinencia. Pero esta política también esta siendo
implantada en Estados Unidos, donde la Administración Bush ha prometido
que destinará una partida importante a este fin, eliminando los
programas de educación sexual en jóvenes y adolescentes que había
empezado la anterior Administración demócrata, imagino que con gran
regocijo de la jerarquía católica, que sigue empeñada en condenar
el uso del preservativo aunque con ello lo que consiga es bendecir
la propagación del sida. Otro modelo sería el basado en la educación
sexual como eje de la prevención. Una educación basada en la libertad
sexual, en el reconocimiento de la diversidad sexual y en el ejercicio
responsable de ésta.
Otro
aspecto relevante del fenómeno del sida es la dominación de la mujer
por el hombre, el machismo es un gran aliado de la epidemia, y así
lo ha declarado ONUSIDA al reconocer que para evitar el importante
aumento de mujeres seropositivas en todo el mundo es imprescindible
dotarse de instrumentos que permitan un reparto del poder y de la
toma de decisiones entre hombres y mujeres. Sólo un dato: las mujeres
de 14 a 16 años del África subsahariana son la población mas afectada
por el sida en aquel continente, lo que equivale a decir en todo
el mundo. Las mujeres están siendo obligadas por los hombres a mantener
relaciones sexuales no seguras, implicando una transmisión garantizada.
Si
las mujeres son vulnerables, otro grupo que reclama nuestra atención
son los jóvenes (homosexuales y heterosexuales). En los países desarrollados
se ha asentado la idea de que el VIH es una epidemia de otra época,
de otros continentes... que ya no mata, que se puede vivir con sida.
Con estas falacias se justifica la relajación en las prácticas de
sexo seguro y, con ello, se permite que la transmisión avance. Es
cierto que las terapias farmacológicas en el mundo desarrollado
pueden dar cantidad de vida a las personas seropositivas, pero ¿podemos
hablar de calidad de vida? Nuevamente la prevención es fundamental:
no podemos bajar la guardia.
Por
ultimo me referiré a otra vertiente, no menos importante de la pandemia;
que todos tenemos que asumir, debemos combatir la otra lacra añadida
a esta enfermedad: el sida social. La discriminación y estigmatización
que sufren las personas seropositivas persiste; aún hoy se sigue
culpabilizando a los enfermos (hemos tenido algún ejemplo de esto
en el libro que coordina el obispo Reig Pla), se sigue hablando
de grupos de riesgo, de castigo merecido y prueba de ello es el
miedo justificado de muchas personas con el VIH a ser visibles.
Los
datos de lo que está pasando o va a pasar en África, en América
del Sur o Asia son abrumadores, a veces incluso pueden desanimarnos,
la pasividad de los gobiernos, incluso de nuestra sociedad es desesperante...
pero no podemos rendirnos ni conformarnos, ni colectivamente ni
personalmente. A veces pienso que si dejo de luchar contra esta
enfermedad se me empezarán a borrar de la memoria las caras de mis
amigos, ya fallecidos, de Jaime, de Clara (amiga de Ploma 2 que
recientemente nos ha dejado), de Domingo, de Robert, de Pepín...
y el mejor tributo que les puedo ofrecer es el de no conformarme
con las cosas tal y como están, porque como leí en un artículo reciente,
no es que otro mundo sea posible, es que sólo es posible otro mundo.